Salir del armario: un pequeño paso para el hombre…

Saludos después de tanto tiempo. Me conocéis como Violeta pero en realidad me llamo María. Hace un par de semanas tuve mi “coming out” definitivo escribiendo en internet que he tenido el trastorno por atracón con nombre y apellidos. Es un paso que quería dar hace bastante tiempo pero me ha costado reunir el valor necesario. Visto desde “este lado de la barrera” ya me parece sólo un pequeño paso pero desde el otro lado era como saltar al vacío.

Si estás dudando entre saltar al vacío o no, piensa que siempre puedes esperar hasta que la decisión caiga por sí sola como fruta madura. No hay prisa. En principio no hay por qué temer consecuencias ni por qué sentirse mal o culpable. Por otro lado no tenemos ninguna obligación de hablar de nuestras intimidades ni en público ni en privado. Es una decisión que nos pertenece a cada uno de nosotros y que debemos tomar teniendo en cuenta posibles pros y contras, incluyendo la ansiedad que nos pueda causar hablar el tema. Precisamente eso es parte de la curación: no forzarse. Si te cuesta, espera.

En mi caso hay una razón principal para dar este paso: mi experiencia con el trastorno alimentario es de gran valor en mi trabajo como coach. Los beneficios para mí y para mis clientes superan con creces el miedo a mostrar mi lado más débil así que nada como abandonar el refugio y salir a airear el pasado. He hablado del tema con mucha gente desde entonces e incluso he podido ayudar a algunas personas. Siento que por fin soy yo: ¡soy libre!

 

¿Conoces la bulimarexia?

Muchas veces escuchamos, leemos o nos diagnostican con anorexia, bulimia, transtorno por atracon, pero ¿existirán otro tipo de transtosnos alimentarios?

La respuesta es si, del transtorno que les contare se le denomina BULIMAREXIA por razones que parecen desde ya lógicas.

Les podria contar de esta enfermedad que se refiere a las personas que se valen de los atracones como forma de el hambre o deseo de comer que no pueden controlar, y por ende comen pero luego lo compensan con la purgación (vómito, laxantes, diureticos, enemas) con el fin de no perder todo lo avanzado en su dieta constante.

Este es uno de los transtornos de alimentación que mantiene a la persona más al limite de la muerte, debido a que tiene mayores consecuencias físicas por la constante inanición y sus repentinos atracones y purgas. Tambien es probable que tenga más riesgo psicológico y esté más propensa a la depresión o el suicidio debido a que apesar de intentar por todas sus fuerzas no comer, no logra su objetivo.

Existen dos tipos de posturas en los médicos e investigadores con respecto al tema:

1) Dicen que no deben deferenciar a una persona con anorexia con una persona con bulimarexia debido a que la visión del mundo y su estado mental en ambas con los mismos.

2) Otros se enfocan más a la diferencia de las personas que pueden seguir pasando hambre – sin recnoconocer necesidad o hambre alguna- (anorexia), y la persona que desea hacer eso, pero en realidad lo logra solo hasta un cierto punto debido a que es incapaz de negar sus necesidades por completo (bulimarexia).



La diferencia entre un psicólogo y un psiquiatra

Qué grandísima pregunta. Qué tema tan interesante. La verdad es que yo todos los días tengo que enfrentarme a la pregunta: ¿Qué es la Medicina Interna? Es algo difícil de explicar si no se conocen la evolución histórica de la medicina, las enfermedades multisistémicas o el peso de los pacientes pluripatológicos sobre los sistemas de salud de los países más desarrollados. Al final y para darle un tinte interesante siempre digo: los internistas son como House.

Mi padre es psiquiatra, en mi familia hay algunos psicoanalistas y el debate ha estado abierto muchas veces en las sobremesas de los sábados. La diferencia fundamental es sólamente una: los psiquiatras son médicos y los psicólogos no. Comprendiendo esta frase y todo lo que ello implica. Puede que suene con cierta ironía, y quizás tengáis razón en decir que soy parcial, pero intentaré explicarlo de la manera más clara posible. Hay que comprender las dos vertientes fundamentales del problema.

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Cómo elegir psicólogo

Hace tiempo le pregunté a mi psicóloga cómo elegir psicólogo ya pensando en escribir una entrada sobre el tema. Aquí va lo que me contestó:

  • Lo primero es definir tu “pregunta”, tu “encargo”, es decir, qué quieres conseguir con la terapia. Por ejemplo: dejar de sentirte tan solo, dejar de darte atracones, superar la anorexia, sentirte mejor contigo misma… Pueden ser varias cosas y pueden estar más o menos definidas de antemano.
  • Un buen psicólogo debe estar bien preparado: podéis preguntar por los títulos, dónde ha estudiado, cuál es su especialización. Por ejemplo mi psicóloga sabe mucho de interculturalidad y ha vivido en el extranjero varios años, cosa que para mí ha sido importante como emigrada para que entendiera algunas de las cosas que me pasan. Según ella nadie debería ofenderse por esa pregunta.
  • Tu propia intuición: si no te sientes bien con esa persona la cosa difícilmente puede funcionar porque a lo largo de una terapia se tiene que crear una relación de confianza y puede que haya que hablar de temas muy privados.
  • En nuestro caso sería conveniente que tuviera experiencia con trastornos de la conducta alimentaria.
  • Me recomendó que buscaramos una segunda opinión. No sé si en el sistema médico español está prevista la posibilidad de hablar con varios psicólogos antes de decidirse (en el alemán sí). Si no, se puede consultar con una asociación por ejemplo.
  • Es importante que no tengáis la sensación de que os están ocultando algo. Quiero decir que deberíais poder hablar de todo y preguntarlo todo.
  • Tiene que ser posible imponer vuestros propios límites. Si algo es demasiado o no os gusta tenéis que poder decirlo sin problemas y debe ser tenido en cuenta.
  • La relación debe ser de cooperación.

Las francesas no engordan

Acabo de leer un libro que se titula “Las francesas no engordan”. La autora, Mireille Guiliano, es francesa y vive a caballo entre Francia y Estados Unidos. En su libro explica a las estadounidenses por qué en Francia el sobrepeso no es un problema tan grave como en los Estados Unidos, es decir por qué según ella las francesas no engordan. Pensándolo, es cierto que no conozco ninguna francesa gorda pero tampoco conozco a tantas…

De joven estuvo un año en América y engordó hasta estar descontenta con su cuerpo y tener problemas de autoestima. A la vuelta su madre pidió al médico de cabecera que hablara con ella y este le propuso echar mano de la sabiduría acumulada durante siglos y conservada en la cultura gastronómica francesa.

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El silencio como enemigo

No tengo nada en contra del silencio. Puede ser reparador, puede ser necesario, puede ser relajante… pero como casi todo, también puede ser malo. El otro día estuve hablando con mis colegas sobre películas en las que el silencio es “el malo”. Una de ellas es “La vida secreta de las palabras” en la que la protagonista carga con un terrible secreto, un sufrimiento insoportable de tiempos de guerra que la carcome y del que evita hablar. La otra era “El secreto de Esma”, sobre una madre que oculta a su hija que es fruto de una violación, también durante la guerra. En ambos casos queda claro que el hablar es el inicio del proceso de duelo, de procesamiento del pasado, inevitable para poder pasar página y empezar una nueva vida.

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¿Enfermedad o trastorno?

Salud según la Organización Mundial de la Salud es:

Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de molestias o enfermedades.

Enfermedad se define como:

Alteración más o menos grave de la salud.

Siguiendo este esquema podríamos concluir que todos estamos enfermos. Seguro que ninguno de nosotros se considera en “un estado de completo bienestar”. Aún así normalmente sabemos de manera más o menos intuitiva cuándo nos sentimos enfermos. Pero entonces, ¿qué es una enfermedad y qué no lo es?

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