Enfermedades nuevas

Quería lanzar una reflexión al aire, a ver qué opináis.

Todas las enfermedades han sido descubiertas en algún momento. También sus tratamientos, y hay muchos por descubrir.

Cuando tienes una enfermedad que se conoce hace mucho tiempo y para la que existe un tratamiento en el que los médicos coinciden todo es relativamente fácil. Te da un ataque de apendicitis, te quitan el apéndice. Te coges la gripe, a la cama. Cistits, antibióticos. Etc.*

Cuando tienes una enfermedad más o menos nueva las cosas se complican. Mucha más responsabilidad recae sobre el paciente que tiene que decidir qué médico le viene bien o qué tratamiento prefiere.

Esto hace que muchos pacientes se sientan desbordados porque sienten que no tienen criterios para decidir. Esto lleva a veces a pensar que “los médicos no saben nada”. Pero eso no es cierto en general. Lo que no saben es mucho más que lo que saben, eso es cierto, pero saben muchísimo. Eso sí, hay grandes diferencias entre los médicos. Están más o menos al día. Tienen más o menos comprensión. Son más o menos competentes. Prefieren un tipo de tratamiento, más rápido, menos agresivo, más atrevido…

Cuanto más indago y profundizo en el mundo de los trastornos de la conducta alimentaria más sospecho que se sabe mucho más de lo que los afectados creemos. Hay curación. Exigid que os la proporcionen. Aceptad el apoyo de las asociaciones que os tienden la mano que pueden ahorraros tener que descubrir todo por vosotros mismos.

Es una tontería soportar el dolor. Pensad en el proceso de ir al médico y hablar con él y enfrentaros a vuestros problemas como una operación. No es plato de gusto para nadie pero si el dolor es tan grande puede merecer la pena. Os despertaréis sanos y cuando pase la anestesia y se caigan los puntos no sabréis cómo habéis podido vivir tanto tiempo con esa carga.

¡Mucho ánimo!

_________________

* En esta entrada me refiero en todo momento a la “medicina convencional”. No pretendo entrar en la discusión, en sí interesante, sobre el valor de las “medicinas alternativas”.

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16 comentarios

  1. Hola Violeta.

    Felicidades por este blog, por los objetivos que perseguís y por el esmero que ponéis en escribir cada entrada. En general me entusiasman algunas de tus ideas, pero por esta vez voy a discrepar contigo.
    Y, resumidamente, os diré lo que pienso: no somos enfermos. Lo llamamos “enfermedad” porque no tenemos otro nombre mejor, igual que nos ocurre con la palabra “ansiedad” para describir lo que nos impulsa a comer exageradamente.
    Lo llamamos también “trastorno de la conducta alimentaria”, pero es simplemente para tener un marco de referencia en el que nos entendamos todos. Y luego lo transformamos en un acrónimo (TCA), porque es más “cool” y más manejable. Y porque queda bien formando parte de un capítulo nuevo en los libros de psicología y psiquiatría, o en los artículos y entrevistas que aparecen en los medios de comunicación. Pero TCA no es más que una descripción, bastante fría y poco precisa por cierto, de nuestros comportamientos.
    Yo pasé el sarampión de pequeño. Naturalmente se me llenó la piel de manchitas rojas, y me pareció incluso divertido. Nada que ver con un TCA, que como ya sabréis tiene muy poco de gracioso. Pero a lo que voy: ¿qué tienen en común las personas con sarampión? Pues el virus del sarampión, que es el que provoca la enfermedad.
    ¿Pero qué tenemos en común las personas con un TCA? Lo que tenemos en común no es que podamos engullir en media hora suficientes calorías como para iluminar Madrid estas Navidades. Esa sólo es la consecuencia de lo que nos ocurre, igual que las manchitas rojas son la consecuencia de tener el sarampión.
    Lo que tenemos en común, tristemente, nadie sabe lo que es. Al menos de momento. Creo que lo que se tiene son simples datos estadísticos sobre las personas a las que se ha diagnosticado un TCA, que probablemente esos datos no son suficientes y que tampoco se interpretan de forma correcta.
    Cuando usamos la palabra “enfermedad”, por otra parte, estamos orientando nuestra forma de proceder: hay que ir al médico, que es el que sabe, para que nos cure. Y así nos liberamos de cualquier responsabilidad, pues tendemos erróneamente a confundirla con la culpa. ¿Qué le voy a hacer yo si he cogido el sarampión? Necesitamos que nos receten el antibiótico correcto, que nos aconsejen sobre lo que hacer, que nos expliquen por qué, y que se ocupen de nosotros. Pero con un TCA las cosas son distintas.

    Por lo que yo sé, las terapias cognitivo-conductuales, tan de moda hoy en día, intentan corregir comportamientos que sean perniciosos para el paciente, pero sin preocuparse sobre lo que causó ese comportamiento. Eso está muy bien para determinadas cosas. Pero en nuestro caso, incluso a las personas que logran la “curación” les queda la sensación de no poder entender ni expresar bien cómo lo hicieron, y el sentimiento de ser “potenciales enfermos” de por vida.
    Hablar con un psicólogo es una válvula de escape, nos puede ayudar a conocernos mejor, a encarar problemas que de otra forma nos resultarían insalvables, y nos puede dar pistas para encontrar esa pieza clave que nos une a todos. Yo os diré que siempre le estaré agradecido a la mía pues, por decirlo así, me sacó de las tinieblas en las que vivía. Pero, en mi opinión, no se puede considerar un éxito que el paciente muestre mejoría en un TCA después de varios años de tratamiento. Y lo siento, no me valen las metáforas de la doctora Anita Johnston, aunque puedan encerrar una verdad.
    Perdón por el rollo y un abrazo.

  2. ¡Polémica, qué bien! Lo digo en serio, ¿eh?. 🙂 Pero antes de nada: me alegro de que te guste nuestro blog. ¡Muchas gracias y gracias por tu comentario!

    Veamos: respecto a lo de si somos enfermos o no, habrá que definir enfermedad. Que no se sabe cuál es el mecanismo que transforma la ansiedad en esas ganas irrefrenables de comer (o de no comer) es cierto, por desgracia. Pero lo que está claro es que una persona con un tca no “funciona” con normalidad. Por eso se llama trastorno, supongo. La conducta alimentaria está trastornada. Es un nombre muy descriptivo pero es cierto que no dice nada sobre la causa.

    Viene al caso la historia de la úlcera de estómago. Durante muchísimos años se creyó que la causaba el estrés y al final resultó que era una bacteria y que se cura con antibióticos.
    http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_4304000/4304778.stm
    ¿Antes de ese descubrimiento lo habrías llamado enfermedad? ¿Y antes de que existieran las pruebas diagnósticas que muestran que había un boquete en el estómago? ¡Quién sabe, a lo mejor se encuentra un día la bacteria del comedor compulsivo…!
    Otro ejemplo: la dermatitis. Antes cuando tenía exámenes me aparecían sarpullidos terribles que picaban que se mataban. Salían las notas y se me pasaba en un día. ¿Es eso una enfermedad? Porque que mi piel estaba mal es un hecho.

    Por otro lado, hablando con un amigo médico me vino a decir lo que dices tú. Creo que lo he escrito hace poco no sé dónde: “la psicología funciona muy bien con gente sana”. Con lo de gente sana se refería por ejemplo a gente con tcas. Creo que hablábamos de que cuando hay enfermedades neurológicas o psiquiátricas hace falta un médico y un psicólogo no basta. Pero me parece que es que él usaba la palabra enfermedad de una forma más técnica que yo.

    Lo que no acabo de entender es la segunda parte de tu comentario. ¿Crees que no deberíamos ir al médico? ¿Qué habría que hacer entonces? ¿Curarse uno sólo? En mi caso digo categóricamente que hubiera sido imposible. 100%. Para mí la curación es la curación y merece la pena, y si ahora mismo hacen falta varios años de ayuda profesional para curarse pues es lo que hay hasta que se descubra algo más eficiente. La sensación de librarse de un tca es tan alucinante que repetiría mis años de terapia mil veces si hiciera falta por no volver a la no-vida anterior, al infierno aquel. Es totalmente cierto que tengo el sentimiento de ser una enferma potencial para toda la vida, pero también lo soy de la gripe y no me importa por que tengo los medios para salir de ella. Pocas enfermedades se pasan una vez sólo.

    La gente con tca suelen quererse muy poco a sí misma. Para ellos (nosotros) resulta muy difícil aceptar que necesitan ayuda. Creen que debería ser fácil y que no son capaces y se avergüenzan en vez de pensar que si no pueden es que a lo mejor es que es muy difícil y que es mejor contar con alguien que sepa del tema. Esto último es lo que yo creo basándome en mi propia experiencia.

  3. ¡Hola! Bueno, como se puede deducir por mi pseudónimo, la discrepancia en mi caso es casi casi una forma de vida 😦 . Estar conforme con las opiniones de los demás es siempre mucho más reconfortante, pero a veces así surgen cosas positivas. Violeta, como es habitual con tus comentarios haces que me surjan nuevas e intrigantes preguntas, pero para no liar más la madeja intentaré recapitular. Según tu primera entrada, y si no me equivoco, tú sostienes que:
    – Los TCAs son enfermedades, y además son relativamente nuevas.
    – Las personas con algún TCA piensan que nadie les entiende y/o que nadie conoce en profundidad su problema y las posibles soluciones.
    – En realidad sí que hay gente que sabe mucho más sobre TCAs de lo que pensamos.
    – Las personas con algún TCA deberían buscar ayuda y exigir su curación.

    Lo primero de todo, y ya que me lo preguntas, aclararé que estoy de acuerdo en el último punto: lo peor que puede hacer una persona con un TCA es aislarse. Lejos estoy de ofrecer consejos a nadie, pues ni siquiera los encuentro a veces para mí; pero sí que creo que el aislamiento es la realimentación perfecta para esa parte de nuestra mente que intenta autodestruirse. Es lo que nos lleva al círculo vicioso de los pensamientos obsesivos, idealizados, infructuosos y, en todo caso, dañinos. Es como echarle leña al fuego. Así que, puestos a buscar a alguien con quien hablar, también estoy de acuerdo en que ir al médico es una buena idea. Seguramente allí nos derivarían a un psicólogo (entiéndase siempre y por supuesto “o psicóloga”), quien intentaría hacer un diagnóstico y, tal como pone en su libro, nos diría que tenemos un “TCA”. Lo que ya no tengo claro es en qué punto entra en escena el psiquiatra. ¿Cuando exista peligro inminente de muerte en casos límite de anorexia, por ejemplo? Por favor, si alguien puede aclararlo estaría bien saberlo.
    En todo caso el psicólogo nos permitirá hablar con libertad, expresar las cosas que nos angustian o que nos asustan, y preguntar todo lo que queramos. Absolutamente todo: lo más bestia, lo más terrible o lo más hipotético que queráis, incluyendo los temas que vosotros consideréis tabúes infranqueables. Otra cosa es que tengan respuestas, porque en muchos casos no las tienen. Pero si son buenos profesionales no te mirarán como a un bicho raro, no juzgarán tus motivos, no intentarán evitar hablar del problema, no pensarán que esto tiene fácil solución y no caerán en la angustia ni en la tristeza al escucharnos. Por desgracia, en estos comportamientos sí caen a veces nuestras familias, o nuestros amigos, quizá porque nunca se han tenido que enfrentar a ello o porque, como le pasa a mucha gente, necesitan simplificar tanto sus vidas para seguir adelante que acaban creyendo un montón de cosas erróneas. Y, sin embargo, estas personas pueden ser muy importantes en nuestra recuperación y no creo que deba infravalorarse su capacidad para entendernos.
    Bien, hasta aquí en lo que estoy de acuerdo (si es que lo estamos). En el primer y tercer punto de tu argumentación no lo estoy, excepto tal vez en que los TCAs son un fenómeno relativamente reciente. El nombre al menos sí lo es, eso seguro. Hace siglos desangraban a la gente para curar sus enfermedades. Por supuesto, todos caían como chinches. Esto, al parecer, no les hacía pensar a los “médicos” de entonces que su procedimiento era una barbaridad, ni tampoco a sus sufridos pacientes. Muchas de sus prácticas estaban absolutamente basadas en la superstición (que siempre es, por otra parte, el invento de un ser humano) y, en muchos casos, estaban íntimamente ligadas a las creencias religiosas de entonces. Hoy en día hemos sustituido las creencias religiosas irracionales del pasado por otras creencias igualmente irracionales: las de la ciencia. Porque podéis creerme si os digo que la ciencia de hoy tiene ideas que serán consideradas irracionales en el futuro. Y, sin embargo, la ciencia es el nuevo Dios del siglo XXI. Así que si el médico nos dice que nuestra úlcera estomacal se debe al estrés, es que se debe al estrés y punto. Lo pone en el libro y lo dice un científico. Por supuesto que resultaría absurdo ponerse a discutir con un médico sobre el origen y la curación del sarampión, pues son cosas absolutamente demostradas. Ahora bien, ¿no os parece que, sin embargo, venía bastante al caso el haberle preguntado al médico WTF??? (o sea, un par de cosillas) cuando nos comentaba que nuestra úlcera era debida al estrés? Tras la aparición de la noticia que citas, a todos ya nos parece absolutamente natural e irrefutable el hecho de que la culpable es una bacteria. Lo dice el libro, los científicos, el periódico y hasta la tele. Eso sí, ningún médico ha salido en los medios diciendo “perdónennos por venir diciendo hasta ahora que era el estrés”. Todos nos felicitamos de un nuevo descubrimiento de la ciencia y ya está, no hay nada más que decir.
    Por favor, que nadie me entienda mal, la ciencia es fantástica. Y la medicina lo es especialmente; eliminar el sufrimiento físico es una meta admirable. Ahora bien, en mi opinión lo que jamás podrá hacer la ciencia (ni nada en general) es sustituir el sentido común del hombre, ni tampoco eliminar su curiosidad por descubrir la verdad sin aceptar explicaciones peregrinas. Es más, el verdadero científico nunca está satisfecho con lo que sabe pues está seguro de que, como decía Superratón, “aún hay más”. Y también es capaz de decir “no tengo ni idea de por qué” cuando no sabe algo.
    Me estoy alargando mucho, pero no me resisto a decirte algo. Tú no estás curada, Violeta, sencillamente porque no has estado enferma. Puede que esto te enfade mucho, y que quizá te parezca que minimizo el esfuerzo que has tenido que hacer, los duros momentos que habrás tenido que afrontar y los logros que ya tienes a tus espaldas. Pero nada más lejos de la realidad. Solamente nosotros sabemos lo que es esto, y cuando ya llevas un tiempo se te empieza a caer la venda de creer que salir de aquí es fácil. Eso solamente lo puede pensar alguien que no lo ha pasado. Dices que te has curado (usando la misma terminología enfermedad-curación), pero piensa también que estás escribiendo un blog sobre el asunto, que sigues dándole vueltas a muchas cosas, que te consideras una “potencial enferma” (siguiendo con la misma terminología), y que, siendo sinceros, no creo que te asuste lo mismo volver a caer en un TCA que coger la gripe. A lo que voy es a que lo que nos ocurre no encaja en mi concepto de enfermedad. Y, sin embargo, desde aquí me emociona pensar que alguien, como es tu caso, haya podido salir. Dicho de otra manera, que hayas podido volver a sentir algo de paz. Eso me da ánimos y me llena de admiración porque has conseguido algo que, al menos a mí, se me resiste.
    No creo que debamos aceptar sin espíritu crítico los clichés que nos imponga nadie, como por ejemplo todo lo que se comenta sobre la autoestima. Un gran tema que da nombre a este blog y que he de dejar para otro día. Vaya, siento haberme alargado tanto. Puede que no podamos controlar nuestro impulso hacia la comida, pero no hemos perdido la capacidad de razonar. Los psicólogos nos dan la mano y nos ayudan mientras buscamos la puerta de salida en la oscuridad, pero no pueden decirnos dónde está. Eso es algo que, para empezar, deberían admitir. Y para terminar diré que yo no me considero un enfermo, sólo alguien que se siente perdido.
    ¡Un abrazo y ánimo! Nos vemos a la salida.

  4. Jeje, me estás buscando las cosquillas, ¿eh? Interesante discusión. Tu resumen de mis “tesis” es correcto (salvo que en la segunda cambiaría “Las personas” por “Muchas personas”).

    Empecemos por la parte en la que estamos de acuerdo. Hay un punto que me gustaría aclarar. Cuando dices que los psicólogos no siempre tienen respuesta suena como si su tarea fuera arreglar nuestros problemas. A lo mejor no te he entendido bien y en eso también estamos de acuerdo: mi experiencia es que la psicología te ayuda a aprender a enfrentarte con tus problemas de forma no destructiva para tí mismo, pero no arregla tus problemas. Muchas veces se trata precisamente de aprender que hay problemas que no se pueden resolver con lo que habrá que cambiar de estrategia (ejemplo, si tu jefe es un negrero y te humilla además de pagarte mal, cambia de trabajo, él no va a cambiar).

    Ahora vamos a lo de la ciencia: tú mismo das la solución. La ciencia incluye la duda en sí misma, si no no es ciencia. El método científico consiste en cuestionarlo todo, en no quedar nunca satisfecho con una explicación a medias. Lo que pasa es que ni todos somos científicos ni los médicos que nos tratan son investigadores. Al ciudadano de a pie le llegan los descubrimientos a través de la prensa (o sea muy simplificados) y no tiene ni el tiempo ni los conocimientos necesarios como para profundizar lo necesario para poder ser crítico. Porque ser crítico no significa no creerse nada por sistema sino tener criterio. El médico de a pie, el que nos encontramos en las consultas puede rebuscar entre los resultados de otros médicos que se dedican a la investigación, puede dudar o tener unas preferencias u otras pero tiene que partir de la base de lo que se sabe, de lo que está demostrado. Si a día de hoy se sabe que reduciendo el estrés mejora la úlcera de estómago te recetará unas vacaciones en las Bahamas. Si mañana se descubre que es una bacteria te recetará antibióticos _y_ (si es unbuen médico) las vacaciones, porque una cosa no quita a la otra. Por eso los médicos no se tienen que disculpar en mi opinión por haber dicho que era el estrés, porque sigue siendo cierto. Si no reduces el estrés es probable que tengas problemas de estómago muy a menudo, sólo que ya no te importará tanto porque te dan antibióticos y ya está, pero eso no es lo mejor para tu cuerpo con lo que volvemos a que hay que reducir el estrés para que tu sistema inmune pueda funcionar en condiciones.

    Y yendo a lo personal: no me enfado porque efectivamente tienes razón cuando dices que no estoy curada. Vamos, primero me gustaría preguntarte: si no llamamos enfermedad a una cosa que te hace estar mal y para la que conviene ir al médico, ¿cómo lo llamamos? ¿Problema? Es cierto que no me he librado de mi problema al 100%, de hecho tengo una entrada sobre ese tema en mente. Pero creo que, si me preguntan, diría que lo que me queda es el 0.01% de los problemas que he tenido a este respecto, así que perdonad si redondeo por lo bajo de vez en cuando.
    ¡Un beso!

  5. Creo que una discusión semántica no tiene mucho sentido aquí, y no tengo inconveniente en llamarlo “enfermedad” dentro de este foro. Pero no lo haré fuera de él, no le diré a nadie que “tengo una enfermedad”. Primero porque, si te pones a buscarlas, verás que hay muchas diferencias entre nuestro problema y una enfermedad en sentido clásico. Además, así me ahorro las reacciones de la gente a esa palabra y el tener que hacer un montón de aclaraciones. Llámalo problema, llámalo adicción si quieres. Es “algo” que nos hace daño y de lo que no sabemos (¡¡por el momento!!) cómo librarnos.
    Yo antes pensaba, ingenuamente, que un día me despertaría y que estaría curado, como si todo esto no hubiera sido más que una pesadilla. Obviamente eso nunca sucederá, porque esto no es como un catarro.
    Cuando hablamos de “enfermedad” esto nos lleva automáticamente a buscar la “curación”, pero ¿cómo saber cuándo uno se ha curado? Esto, además de ser otra diferencia con las enfermedades “normales”, es un gran problema. Y quizás se relaciona con ese 0.01% que dices que te queda por conseguir. Estás segura de que has avanzado mucho, pero tienes incertidumbre acerca de cuánto te queda por recorrer. Sabes que es “muy poco”, pero esa es una cantidad indefinida. Es decir, que no hay un criterio medible y objetivo para definir cuándo uno está curado.
    En una enfermedad común, uno no necesita saber y conocer al detalle qué es lo que le está haciendo daño para curarse. Al menos en mi opinión, nuestro caso es distinto. Quizás uno “sabe” cuándo está curado si, como has dicho tú alguna vez, puede identificar las situaciones que llevan a perder el control y tiene las herramientas para evitarlas. O sea, cuando se pone a los mandos de la nave con la total seguridad de que llegará a buen puerto sin importar el peligro que surja. Sin vacilar ni un solo momento y sin dejar que nada se interponga en el camino. Dicho de otra forma si quieres: cuando uno consigue decirle “NO” a la parte del inconsciente que intenta descarrilar. Esto, por desgracia, es tremendamente difícil.
    Estoy de acuerdo contigo en el papel de médicos y psicólogos. Nada que objetar, excepto que nunca he pensado que los médicos deban disculparse por decir cosas como que el estrés era el causante de la úlcera. Claro que intentar relajarse no es mal consejo en general y, como dices, esta idea estaba basada en observaciones. Además, no tiene efectos nocivos. Pero el estrés (que por otra parte es algo difícilmente medible, aunque real) es malo para todo en general, con lo cual decir que el estrés influía negativamente en el sistema digestivo no es un gran logro. Sólo pido un poquito de humildad por parte de tanto “experto”.
    Me da “nosequé” llamar ciencia a la psicología, porque tiene decenas de corrientes distintas, divergentes e incluso totalmente opuestas. Su objetivo es noble, pero sus hipótesis muchas veces (no siempre) son contradictorias o indemostrables. Y sus conclusiones, dudosas. Sin embargo, avanza a cada día que pasa y esto es una buena noticia. Con lo de que no tienen respuestas me refería a que los psicólogos no pueden contestar preguntas como “¿Por qué una parte de mí intenta autodestruirse salvajemente mientras que otra lucha por seguir adelante?”, y otras muchas por el estilo. Aun así, y como tú dices, los psicólogos nos descubren dónde están las herramientas con las que podemos luchar y contestarnos a nosotros mismos. Nos intentan convencer de que nuestro “locus de control” es más interno de lo que pensamos para poder ser los autores de nuestra vida y no unos meros actores de lo que dicten las circunstancias. Así que bien por ellos y es una suerte que existan.
    Pero me enfada un poco oír la expresión “experto/a en TCAs”. Porque aunque los médicos, psiquiatras y psicólogos pueden estudiar en detalle este problema y saber mucho más que la gente de la calle (muchísimo más, diría yo), los únicos verdaderos expertos somos nosotros. Eres tú, Violeta. Y Miranda, Ariadna, Fredoomlady, etcétera. Y ya para rematar, los mayores expertos de todo el mundo son los que se han enfrentado a su enfermedad 😉 y han vencido. ¿No te da la sensación de que es imposible entender esto desde un punto de vista solamente intelectual, o sea, en plan psicólogo? A mí sí. Quizá por eso las personas que han atravesado un TCA no pueden expresar bien lo que han aprendido con el lenguaje natural que usamos en la vida diaria. O quizá es que no les hacen las preguntas correctas en las entrevistas. En todo caso, esto da mucha rabia. Es como si alguien volviera de la muerte y no pudiera articular palabra para describir lo que ha visto.
    Lamento estos mamotretos de entradas. Es sólo que me vienen a la cabeza muchas ideas y me olvido de que esto no es como hablar en una terapia de grupo convencional. Si escribo más veces aquí, prometo que seré breve.
    ¡Un abrazo fuerte!.

  6. Por favor, ¡no seas breve! me gusta la longitud de tus comentarios, porque expresan exactmetne lo que quieres expresar y cuentan muchas cosas interesantes, estemos o no de acuerdo.

    Por cierto (tengo que decirlo) qué alegría que escriba un hombre por aquí!! a veces da la sensación de que es algo estrictamente femenino. pero bueno, dejando tópicos a un lado y volviendo a la vida real y a la discusión…

    Has escrito algo (no encuentro ahora las palabras exactas) qeu me ha llegado: que sabes que te encuentras mal y que tienes algo que solventar, pero no te sientes un enfermo. Gracias! has dado en el clavo con lo que siento yo y que no sabía explicar. Es una sensación extraña: sé que tengo un comportamiento raro con la comida y que no me encuentro bien del todo, pero no puedo admitir que esté mal (léase enferma), no sé por qué. Y quizás sea eso, porque no considero, inconscientemente, que lo que me ocurre sea algo enfermizo.
    Es cierto también que llamarlo enfermedad, si bien puede ayudar en algún aspecto, puede resultar perjudicial, en el sentido de que no nos creamos responsables de la curación y lo dejemos en manos de otro. Aunque también, di lo pensamos, curarnos de una gripe también depende de nosotros: si no hacemos caso a la ncesidad de reposo y nos vamos a la nieve o a pasear a las 8 de la tarde, con un aire frío que te corta, pues no estás haciendo por curarte.
    Tampoco es esto una “enfermedad” mental como la esquizofrenia o la depresión, que según parece se deben a descompensaciones químicas en nuestro cerebro y necesitan de un medicamento que las trate (y si hay apoyo psicológico, mejor que mejor).
    ¿cuándo entra el juego el psiquitra? pues, sin ser una especialista en el tema, diré que cuando hay algo más que un “problema” psicológico, es decir, como decías tú, verso libre, cuando dejas de estar sano: si hay impulsos constantemetne que no puedes evitar, ya no es algo sólo psicológico (así parece estar considerado) y necesitas pastilals; si hay un trastorno de personalidad, creo que también (en este caso no sé si son necesarias las pastillas); cuando tienes depresión, lo mismo. En cierto modo, yo diría que intervienen cuando se traspasa el límite, cuando la situación te domina por completo,quizás. No sé muy bien cómo explicarlo, tampoco quién pone los límites. La diferencia entre un psiquiatra y un psicólogo se confunde a menudo; podemos recordar que el primeor estudia medicina y por tanto, lo relacionado con lo físico; el segundo, sólo lo intelectual, lo mental, pero claro, ambos son inseparables y por eso a veces se confunde. En la práctica, yo que no tengo mucha idea, la difrencia parece ser que uno puede recetarte pastilas y el otro no.

    Y… bueno, pues ahora no me da tiempo a escribir más. Anímate y haz ese comentario sobre el título del blog, no te parece el más acertado, ¿verdad? Lo digo por lo que dejas entrever, no porque no me guste a mí, que para algo lo elegimos en común!!

    Un saludo!
    BEsitos, Violeta!

  7. Me uno a Miranda: ¡no seas breve! Internet es muy grande y lo que escribes es muy interesante.

    Entre los dos casi me convencéis con lo de la enfermedad o no enfermedad. Es interesante ver cómo la misma palabra tiene connotaciones tan diferentes en distintas personas. Cuando yo digo que estoy enferma quiero decir que:
    – No tengo la culpa.
    – No _soy_ sino que _estoy_, o sea que no va a ser para siempre.
    – Si no hago nada de nada no se va a pasar solo.
    – Al igual que una enfermedad “clásica”, es algo que me roba la energía luego es muy normal tener dificultades para rendir lo que en teoría debería en el resto de los campos de la vida. No debo sentirme culpable por eso ni exigirme demasiado.
    – Necesito ayuda, tanto profesional como apoyo moral y afectivo de mi entorno.
    – No soy la única en el mundo que tiene esa “enfermedad”. Es una reacción natural del cuerpo a unas condiciones adversas y los mecanismos que han ayudado a otra gente a superarlo funcionarán también conmigo.

    No sé, será que yo he tenido muy buenas experiencias con la medicina que para mí pensar que estoy enferma es un alivio.

    Me gustaría hacer una puntualización (es que soy un poco tocapel…): los dos relacionáis al psicólogo con lo intelectual. Mi psicóloga no hace más que intentar que desconecte la cabeza y conecte los sentimientos. Se trata todo el trato de gestionar mis sentimientos, de reconocerles y darles su espacio. Pero mi terapia no es cognitivo-conductual. Lo malo es que no se cómo se llama en español… En alemán es “tiefenpsychologisch fundierte Psychotherapie”, o sea algo así como psicoterapia basada en la psicología profunda. No creo que sea psicoanális pero tampoco lo sé. A ver si le pregunto a mi psicóloga cómo se llama en inglés o me entero de la traducción.
    ¡Un besito a todos y todas!

  8. Hola chicas (mayoria :))

    Os felicito por vuestra conversacion, altamente interesante. Principalmente por la cantidad de conceptos que tocais, desde putnos de vista tan distintos.

    Me gsutaria alrgarme mucho, pero not engo apenas timepo. Solo queria hacer una pequeña observacion con respecto a la denominacion o no de la anorexia/bulimia, etc… como una enfermedad.

    El propio termino en si mismo es confuso, incluso para lo que, Verso Suelto, has denominado enfermedad comun. No existe una definicion unica de enfermnedad, es un concepto que ha evolucionado durante siglos, y que actualmente no esta concretado. Esto hace que cada uno, dependiendo de sus propias ideas, elija el concepto que mas le guste/convenga/prefiera…

    A mi me gusta el concepto que incluye los desequilibrios mentales, psicologicos, emocionales, y que no se limita a los fisicos.

    Es tan confuso porque partimos de la base de que la salud absoluta no existe. Hay tantas enfermedades con tiempos de latencia tan largos, o que se vuelven cronicas sin sintomas durante años… hay muchisimas enfermedades comunes que precisamente se caracterizan porque evolucionan de acuerdo a nuestras formas de vida, a nuestra reaccion ante ellas, a nuestros tratamientos….

    Como ejemplo, la diabetes tipo II. Aparecera por una gran suma de muchos factores, y en la mayoria de ellos nsootros tenemos una responsabilidad: un mal habito de ejercicio, de alimentacion, un gran grado de obesidad… el propio enfermo es el que, por sus acciones, convierte su diabetes en algo “para toda la vida” o en algo que disminuira hasta el punto de no necesitar medicacion. hasta “curarse”. Eso si, solo estara “sano” hasta que vuelva de nuevo a los malos habitos. Cuando vuelva, sufrira de nuevo los sintomas, y necesitara medicacion, otra vez. Y como esta hay muchas otras enfermedades “fisicas”, que no tienen un estado claro de presencia o ausencia.

    Desde mi punto de vista un TCA es un traslado de una enfermedad de ese tipo pero al marco psicologico, y no fisico. Evidentemente con una pastillita no va a desaparecer, igual que no desaparecera la diabetes. Solo se podra controlar hasta cierta medida. Pero si te haces responsable de tus actos referentes a ello, y los corriges, puedes entrar en la zona “sana”.

    Y al igual que una persona con un problema de hipertension necesita ayuda de un medico para conocer las pautas que ha de llevr a cabo para moverse en la linea de salud-muerte, una persona con un TCA necesita ayuda para lo mismo. Y cada faceta tiene sus especialistas.

    Pero siempre recordando que no hay una salud absoluta en nada. Estamos metidos dentro de una linea, con la muerte en un extremo, y la salud maxima en el otro. Si te acercas mas hacia la muerte, queda claro que algo hay que arreglar. Yo lo llamo enfermedad. Pero ahi cada uno es libre de llamarlo como quiera, total, el titulo es lo de menos aunque resulte itneresante hablar sobre ello.

    Yo siento que he estado enferma. Porque me he dañado sin desearlo, me he complicado sin merecerlo. Y porque mucho tiempo perdi el contacto con la realidad, y vivi en un mundo paralelo, en una nube, sin poder reaccionar. Para mi eso es suficiente para considerarlo enfermedad.

    Ahora, ¿realmente he estado enferma?

    Hum…………. ¿Que mas da?

    En fin, pasad una buena semana. Muchos besos.

  9. Ah!!! Y una posdata rapida (esta vez de verdad!).

    Ahora se habla mas sobre los TCA, se estudia mas, se investiga mas, se trata y se ayuda mas, se dedica mas dinero a los que lo padecen (aunque aun resulte insuficiente).

    ¿Existiria esta mejora si no entrasemos dentro de los libros de patologias para los medicos?

    Yo creo que no. Asi que bienvenido sea el termino de enfermedad si viene acompañado de mejor calidad de asistencia, servicio, aceptacion social, etc…

  10. Bueno, ¡cuántas cosas! Ahora que Violeta ya estaba casi convencida (con la ayuda de Miranda) viene Ariadna a meter más entropía al medio… Bueno, Ariadna y también la RAE, que define “enfermedad” como:

    enfermedad.
    (Del lat. infirmĭtas, -ātis).
    1. f. Alteración más o menos grave de la salud.
    2. f. Pasión dañosa o alteración en lo moral o espiritual. La ambición es enfermedad que difícilmente se cura. Las enfermedades del alma o del espíritu.
    3. f. Anormalidad dañosa en el funcionamiento de una institución, colectividad, etc.

    Claro que, aun con esta definición, podríamos seguir debatiendo hasta el día del juicio. Además, a la RAE a veces se le va un poquito la cabeza ¿no? ;). Lo que yo pienso es que al menos tenemos el derecho de llamarlo como queramos. ¡Qué menos!

    Ya que me dais el pie os cojo la mano (y es que donde hay confianza da asco), así que allá va el tomo IV. Por empezar con Violeta, y refiriéndome a lo último que dices, he buscado algo en la red sobre la “psicoterapia psicológica profunda” (ver por ejemplo el libro ‘Psiquiatría, trastornos psicosomáticos y psicoterapia’, pág. 166, en http://books.google.es). Por lo poco que he podido leer, se trata de una terapia basada en el psicoanálisis, pero todos los datos que puedas ofrecer me resultarían valiosos porque esta idea de la conexión con los propios sentimientos me parece muy prometedora. Otro día contaré mi propia experiencia. Aprovecho aquí también para sugeriros que os animéis a escribir una entrada sobre la relación entre pensamientos y sentimientos en el futuro, si es que os sugiere algo. Básicamente lo que yo quería expresar es que, aunque tu psicóloga te indica cómo combatir el problema, las conclusiones y enseñanzas que tú vas extrayendo sobre ti misma y sobre el mundo en general son exclusivamente tuyas (o nuestras, si es que llegamos a las mismas). O sea, que tu psicóloga las desconoce porque de lo contrario, y para empezar, te las contaría y acabarías antes. Es decir, que lo que tú vas a sacar en claro de todo esto no viene en los libros. Claro que yo estoy dando por cierto que de todo esto vamos a sacar algo en claro. Y por eso me producen admiración las personas que han superado un TCA, porque creo que saben (o que “sienten”) algo que yo aún no soy capaz de entender.

    Respecto a los puntos en que resumes tu visión del problema, estoy totalmente de acuerdo. Quizá podría discutir lo de que “es una reacción natural del cuerpo”, porque supongo que otras personas, ante circunstancias parecidas, no reaccionan igual. Pero creo que entiendo lo que quieres decir. También quiero hacer ver que Ariadna no está de acuerdo en el segundo punto. Es decir, que según ella no “estamos” sino que “somos”, aunque haciendo lo correcto podemos entrar de nuevo en la zona “sana” y vivir sin que se manifieste el problema.

    Confieso que esta idea de la “zona sana” me parece atractiva, pero en el fondo yo también pienso que esto puede ser superado algún día en vez de tener que convivir con ello. Porque, tal como dije antes y aunque quizá os moleste un poco, creo que nuestro problema no es en balde. Las enfermedades “clásicas” se combaten, se gana o se pierde, y ya está. Sin embargo, a mí me ronda la idea de que luchar y vencer a un TCA nos hace distintos y nos hace mejores. Quizá forma parte de nuestra realización como seres humanos. Incluso pienso que las razones que nos han llevado a padecer un TCA dicen cosas de nosotros que no son totalmente negativas. Esta idea, por supuesto, no se basa en nada científico y seguramente se pase de romántica, pero ¿puede haber algo de verdad en ella o es simplemente la necesidad de buscarle un sentido a todo?

    Para mí, las enfermedades siempre tienen un carácter físico (es decir, un mal funcionamiento del cuerpo) y necesitan una medicación, una intervención externa física, ya se trate de la diabetes tipo II o incluso de la esquizofrenia o la depresión, como dice Miranda. En el caso de la diabetes, la “medicación” actual consiste en llevar una alimentación adecuada y en hacer ejercicio. Dado que aún no se conoce cómo atajarla y restablecer el normal funcionamiento del organismo, esta enfermedad es considerada crónica y la comida se transforma (más bien por omisión que por acción) en el único “medicamento” conocido. Junto con el ejercicio moderado, que es especialmente beneficioso en este caso (aunque no se sepa de forma exhaustiva en qué consiste ese beneficio a nivel químico). La ciencia médica sigue luchando hoy en día por encontrar el medicamento perfecto contra la diabetes, ya sea una inyección, una pastilla, una intervención quirúrgica, la regeneración celular, algún tipo de máquina, etcétera. En el caso de los TCAs da la sensación de que esto nunca será así, pero quién sabe.

    Admito que considerar a los TCAs como enfermedades alivia el sentimiento de culpa que sienten (equivocadamente) las personas afectadas. Por otra parte, si una persona con anorexia empezase a considerar que padece una “enfermedad” entonces habría dado un gran paso, ya que también empezará a darse cuenta de que necesita curarse. En mi caso, sé que tengo un problema pero ya no siento culpa (si es que la he sentido alguna vez). Sí pienso, en cambio, que a veces soy un poco bobo (vamos, que me falta capacidad para analizar la realidad de otras formas). Y que necesito afrontar mi responsabilidad. Hacerse responsable es algo bueno, es hacerse adulto, es coger las riendas de nuestra vida. Y es algo muy difícil también.

    Siento varias cosas indefinibles por las personas que padecen anorexia o bulimia pero, sobre todo, respeto. Por eso quiero ser prudente cuando hablo de ellas, porque no son problemas por los que haya pasado y me surgen muchas preguntas para las que no tengo respuesta. Pero sí me gustaría discrepar con Ariadna y decir que, en mi opinión y esperando que nadie se sienta ofendido, una persona con anorexia o bulimia no vive en un mundo paralelo. Una persona con esquizofrenia, por ejemplo, sí lo hace.
    Una persona con anorexia no oye voces extrañas en su cabeza que la atormentan. No ve monstruos, ni siente que la observan en su habitación. No cree que la persona con la que se acaba de cruzar por la calle va a matarla. No tiene episodios de miedo aterrador, no ve gente imaginaria. Una persona con anorexia, en cambio, percibe la realidad pero no la interpreta correctamente y no tiene defensas contra ella. No es capaz de plantarse frente al mundo en que vivimos hoy (quizá esa sea una de las razones por las que es una enfermedad tan actual y tan “localizada” geográficamente). No es capaz de aceptar que tiene valor en sí misma por lo que es, no por lo que aparenta. Ni muchísimo menos por lo que los demás esperen de ella o por lo que alguien diga en televisión qué es lo bueno, lo malo o lo aceptable. Ni por lo que una vez oyó a no sé quién, ni por lo que haya leído no sé dónde ni por lo que opine nadie en absoluto. Porque, queridos amiguitos y amiguitas, os diré que en el mundo sí que hay muchas personas que desprecian a la gente que está gorda, y que también confunde el “ser” con el “estar”. Me encantaría enrollarme ahora sobre este tema, pero creo que no viene al caso.
    Sólo diré que a veces pienso que es la sociedad la que está enferma. Aunque en toda generalización hay una injusticia, creo que entendéis lo que quiero decir.

    Me estaría aquí hasta el infinito, pero voy a terminar diciendo que estoy muy de acuerdo con Ariadna en que, se llame enfermedad o no, es bueno que estos problemas vayan dándose a conocer, que no se simplifiquen tanto y que se destinen personas y medios a combatirlos. Esto será bueno para empezar a plantear soluciones y hacer consciente al personal de que esto, se entienda o no, es un problema real y hay gente que sufre por él. Ahora bien, hay algo que me chirría un poco y es lo de la “aceptación social”. Hm, esto no sé muy bien lo que significa y me produce sentimientos encontrados.
    En cuanto a la autoestima, ese tema tan traído y llevado, en otro momento podemos hablar de él, Miranda. Y en cuanto al título del blog, si las autoras han decidido que sea ese, pues bien está. A mí al menos me gusta. Otra cosa es que no esté tan de acuerdo respecto a todo lo que se comenta sobre esta palabra.
    ¡Muchos saludos! (viele Grüße para Violeta).

  11. Buenas de nuevo.

    Dos cosas: siempre hablo de tener una enfermedad, y no de ser un enfermo. aqui incluso lo hice de mi misma. Tengo que admitir que la palabra no es precisamente uno de mis fuertes, y mis patadas a la gramatica y al vocabulario son muy frecuentes, por eso me gustaria saber donde me exprese erroneamente para que entendieras lo contrario :).

    Y segundo, la aceptacion social en el caso de los TCA esta aumentando, para mi a pasos agigantados. Antes se nos consideraba por el grueso de la poblacion como niñas locas, mimadas, caprichosas, y simplemente suicidas y estupidas. Y claramente ha habido un cambio de ese concepto en la sociedad. Para muchos seguimos siendo lo mismo. Para otros padecemos una enfermedad que nos somete a un sufrimiento, y que intentamos enfrentar y ganar. Cada dia se separa mas a la persona de la enfermedad. Antes era un todo, y ese todo iba al mismo saco, separado del resto de los “mortales”.

    A eso me refiero con aceptacion social.

    Ah, lo olvidaba. No he dicho que las personas con anorexia y bulimia vivan en un mundo paralelo :). He dicho que YO lo hice ;). Considero este lugar perfecto para hablar de sentimientos, lo tecnico lo dejo para mi lado profesional ;). Son formas de expresar sentimientos y sensaciones. Como tales, no se pueden encasillar, y cada cual los vive de forma unica, y como tal los expresa.

    Saludos.

    PD.: yo no creo que la sociedad este enferma. Creo profundamente en las personas, y he encontrado en mi vida mucha gente maravillosa, que respeta y ayuda tanto a los que mas lo necesitan como a los que menos. No me importa si son mas o menos que el resto, para mi tienen muchisimo mas valor y mas peso en la sociedad. Por eso mismo nunca podre ver a la sociedad enferma, como un todo. Si hay de ambos lados, me niego a generalizar hacia el lado negativo.

    Antes quiza lo hubiera hecho. Doy las gracias por la capacidad que tenemos de evolucionar.

    Pero esto, como todo lo que aqui hablamos, es subjetivo. Asi que respeto esa opinion tuya, pero me parece una verdadera pena generalizar hacia ese lado de la balanza. Pero bueno, todos somos distintos, y de todos los colores tiene que haber.

    Saludos.

  12. ¡Hola de nuevo! Und danke für die Grüße! 🙂
    Respecto a mi terapia, mi plan es escribir un resumen cuando la acabe porque las últimas sesiones (creo que me quedan tres o así) las vamos a dedicar a evaluar así que seguro que después me resulta más fácil. Pero haciendo un resumen de lo más importante: nunca nos hemos centrado en la comida, pero también es cierto que cuando empecé ya no me daba atracones constantes sino sólo en momentos de estrés agudo, con lo que el tema era relativamente secundario. Nos centramos más bien en los problemas que me creaban estrés, principalmente en mis terribles problemas familiares. Pero eso no significa que empezaramos a analizar mi infancia sino más bien los problemas que iba teniendo aquí y ahora. Creo que el momento crucial fue cuando mi psicóloga me preguntó que por qué iba a ir a casa en Navidad (como el almendro) si lo pasaba tan mal allí. Llevaba años en esa situación y yo ignoraba absolutamente mis sentimientos con el argumento de que es que _hay que ir_ a casa en Navidad cuando vives en el extranjero. Vamos, que no me atrevía a tomar las riendas de mi vida y a enfrentarme a mi familia.e un movimiento más o menos pequeño: en vez de ir a casa de mi padre fui a la de mi hermano, pero eso precipitó una cadena de acontecimientos porque de pronto me dí cuenta de que el poder estaba en mis manos y empecé a experimentar en diversos campos. Desde entonces mi vida no ha hecho más que mejorar. Me he dado cuenta de que nadie me puede decir lo que tengo que hacer sino que tengo que guiarme por mis sentimientos: hacer lo que me haga sentir bien. Eso puede ser muy difícil porque muchas veces no sabes a priori lo que te va a hacer sentir bien así que la única solución es experimentar como hacen los adolescentes y atreverse a meter la pata. Esa fase de búsqueda ha sido muy intensa y ha hecho que los atracones reaparecieran durante un año más o menos porque decidí enfrentarme a mis miedos y al experimentar muchas veces me topé con cosas que me creaban mucha ansiedad pero creo que ha merecido la pena.

    Eso me lleva a lo que dice Verso Suelto sobre que lo que aprendes en la terapia no viene en los libros. Aunque viniera es que con leerlo no basta sino que lo tienes que experimentar en primera persona. Por cierto, Verso Suelto, hablabas de escribir sobre tu experiencia, ¿te animas a escribir una entrada? Echa un vistazo a las instrucciones y te hacemos coautor en un plis plas. La invitación ya sabéis que se extiende a todos y todas los que quieran colaborar que cuantos más seamos más podemos contribuir. Fin de la pausa publicitaria, jaja.

    Siguiendo la discusión sobre la enfermedad o no enfermedad pensaba que en realidad yo no creo en la separación estricta entre cuerpo, alma, mente, sentimientos… Quiero decir que para mí el ser humano es un conjunto. Cuando me falló el tiroides y andaba llorando por las esquinas sintiéndome realmente miserable hasta que me dieron una pastilla con una moleculilla me dí cuenta de que todo está unido. La falta de hormona me creó una especie de depresión, la tristeza que sentía era real, una depresión puede hacer que me duela el estómago de verdad, el estrés me puede crear eczemas que se ven, se tocan, se sienten… No se pueden separar el cuerpo de los sentimientos de los pensamientos: los unos afectan a los otros y viceversa. No es que no entienda la diferencia pero hay que tenerlos en cuenta a todos, por eso estoy con Ariadna en que las enfermedades “físicas” sí que tienen mucho que ver con lo que nos pasa a nosotros. También creo que toda enfermedad o problema que se supera implica un crecimiento. El sistema inmune aprende de los virus y nosotros aprendemos de nuestros trastornos alimentarios aparte de que ganamos la empatía que te da el haberlo vivido. Pero vamos, sigo sin desearle a nadie que pase por ello, sinceramente.
    ¡Un besito y mucho ánimo!

  13. ¡Hola Ariadna! ¡Hemos escrito casi a la vez! 🙂

  14. 😀

    Un besazo guapa.

  15. Creo que al menos queda claro que tenemos puntos de vista distintos sobre el problema y sobre las formas de abordarlo e interpretarlo. Parece también que es casi imposible evitar malentendidos y confusiones al hablar sobre estas cosas por más cuidado que se ponga.
    En fin, os mando un abrazo muy fuerte y ánimos para seguir adelante.¡Hasta otra!

  16. Hola Violeta,
    acabo de leer tu post en el que hablas de como tu enfermedad tiene gran base en tus relaciones familiares…en fin, creo que es algo bastante común en quienes pasamos por esto y a la vez, algo bastante complicado de entender y asumir cuando se supone que los dos grandes pilares de la infancia son tanto el colegio como la familia y quienes deben darte protección a niveles reales y comprometidos. En mi caso, es algo que también tiene bastante trascendencia y que me costó bastante asumir. Un libro me abrió los ojos en eso “el cuerpo nunca miente” de alice miller, en el que la autora comenta cómo por convicción aprendida no podemos fallar el cuarto mandamiento “honrarás a tu padre y a tu madre” y de esta forma se desencadenan enfermedades como los tca, depresiones, psicosis…el cuerpo no soporta tanto dolor a nivel psíquico y lo “saca” en forma de dolor físico para llamar la atención. Es ese momento en el que acudir al médico es una infinidad de pruebas para llegar a un “es psicológico, será por estrés”…

    ahí os dejo esto, alice miller es uan autora muy interesante, a veces un poco extrema en mi opinión, pero en mi proceso ese libro fue básico.

    un saludo, marta

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