La regla y los sentimientos

Las cifras de personas que pasan por un trastorno de alimentación, señalan que la mayoría de los pacientes son mujeres. Ser mujer, en contraposición al sexo masculino, conlleva ciertos aspectos, sociales, culturales, físicos y emocionales. No nos referimos sólo al cánon de belleza y a las presiones que la publicidad ejercen especialmente sobre el sexo femenino (también sobre el masculino), sino a la cantidad de tópicos existentes alrededor de la figura femenina, en concreto en lo que literalmente significa ser mujer: tener el periodo -regla o menstruación- y la capacidad de tener hijos.

La Dr. Anita Johnston habla de esto en su libro Eating in the light of the moon, de donde he sacado la idea para esta entrada.

Ella comenta que suele haber una dificultad para aceptar los valores femeninos, que nos los negamos y tendemos a lo masculino (lo que suele decirse de que “evitamos las formas de una mujer”), y plantea dos ideas sobre las que me gustaría que hablásemos aquí:

  1. Qué relación recordamos haber tenido con la/s primera/s reglas: ¿qué sentimos? ¿cuál fue la respuesta a nuestro alrededor (nuestros padres, hermanos, compañer@s de colegio, amig@s, etc.)? ¿qué suponía, qué ideas preconcebidas teníamos que pudieran habernos afectado?
  2. Qué solemos sentir antes y durante la regla, y si cambia nuestra relación con la comida: ¿tenemos irritación como reza el tópico? ¿nos encontramos más sensibles? ¿nos enfadamos más? ¿estamos más activas, más cansadas?¿tenemos más hambre, o menos? ¿nos apetece un tipo concreto de alimentos? etc.

A mí cuando me viene la regla necesito dormir más; al tener dismenorrea me encuentro bastante cansada y, paradójicamente, eso hace que el cuerpo se me relaje (seguramente me baje la tensión, o tal vez sea por los dolores y la paciencia que hace falta tener, o simplemente cuestión de hormonas, ¡a saber! ) y pueda concentrarme mejor en lo que hago, me lo tomo como con más calma y tengo la sensación de tomar las decisiones con más seguridad. En cuanto a los atracones, si me dan fuertes los dolores se me revuelve tanto el cuerpo que llego a vomitar, pero a pesar de ese malestar la ansiedad -o lo que sea- ha sido más fuerte y he llegado a comer por comer.

Hace años, cuando tuve una etapa medio restrictiva, los días anteriores a que me bajase la regla, el cuerpo me pedía comer más. Una vez leí que eso se debe a falta de calcio; sin saber si era por ese motivo o no, intentaba comer algún yogur más.

Probablemente haya más cosas de las que no me doy cuenta; esas ya las tengo “fichadas”. ¿De cuáles te has percatado tú? ¿qué sueles sentir y/o hacer?

Y sobre la primera pregunta… resulta más difícil hablar, porque hay que mirar atrás y recordar, ahondar en el pasado y revolver un poco, eso no resulta agradable. Sin poder asegurarlo, creo que a mí me afectaron bastante las clases de educación sexual y los tabúes al respecto, sobre todo el tema de los embarazos no deseados, creo que me emparanoyé con eso.

Recuerdo el primer sujetador que tuve. No tenía aros, era como un top, con su goma y sus tirantes, pero para mí fue bastante desagradable, más aún cuando te gastaban la broma de tirarte por detrás, incluso en casa. Supongo que lo viví como motivo de burla y todo lo relacionado no me agradaba. Cuando me vino la regla por primera vez, me hicieron contárselo a mi padre, y eso no me agradó. En el colegio fui una más en tenerla, casi de las últimas. Había cotilleos en los recreos y al salir de clase sobre quién la tenía ya. Recuerdo haber revelado el secreto de una amiga (que le había venido la regla) a otras, a pesar de que me había pedido que no lo hiciera, y lo mal que me hizo sentir aquello, el no haber sabido o podido mantener la boca cerrada. Por otro lado, la profesora de educación física decía que no podíamos dejar de hacer ejercicio por la regla, que no era un motivo. Es cierto que en el colegio, en la época de las primeras reglas, no es normal que te duela, los síntomas de la dismenorrea suelen aparecer más tarde. Cuando supe de ellos no podía olvidar la frase de aquella profesora (¡aún no lo he hecho!), se ve que tuvo la suerte de no padecerlos. Recuerdo a una de mis compañeras, recuerdo incluso su nombre, que desarrolló mucho pecho al hacerse mujer. Una vez me confesó que usaba chalecos para disimularlo; imagino que la acomplejaría y que quizás los niños se metiesen con ella.

Creo que lo que más me perjudicó fue la idea de “ser una guarra” y de quedarse embarazada. No sé bien por qué motivo, pero creo que fue esa. Tampoco ayudó que un grupo de niños me tocara el culo por la calle y menos aún revivir la experiencia poco después en el extranjero, a mano de un borracho. Yo ya estaría tocada, mi autoestima, quiero decir, y eso lo empeoraría.

No controlar la cantidad de regla y cambiarse a tiempo puede resultar también embarazoso; en varias ocasiones he manchado los pantalones y alguna que otra, una toalla o una silla.

El desencadenante, la chispa, que en mi caso desencadenó la necesidad de adelgazar, fue la frase que pronunció un familiar en verano, la mujer de un primo de mi madre. Dijo que había engordado o que estaba más gordita ese verano (son de esos familiares que sólo ves en una epoca del año, en las vacaciones de verano). No sé por qué motivo, pero me propuse que al año siguiente me dijese lo contrario. No lo conseguí. Adelgacé estrepitosamente, pero no conseguí que me lo reconociese. Tampoco recuerdo si me llegó a ver en bañador, porque yo no quería ir a la piscina, pero bueno. Querer ser actriz y necesitar adelgazar para ello fue otra idea más que influyó, creo que aparentemente, pero entonces era un motivo básico para mí.

Buf! qué de recuerdos! Lo peor es la sensación “oscura” de malestar y tristeza al recordar todo eso. No se lo deseo a nadie, y aún así, sé que hay quien lo ha pasado mucho mucho peor.

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4 comentarios

  1. Hola amigas!

    He abierto un blog como parte de mi terapia de recuperación. me gustaría mucho que le diérais difusión, y que me ayudárais a poner un link a este blog (y a otros) en mi página (aún no sé muy bien cómo gestionar mi blog)

    El link es:

    http://mevoyacurar.wordpress.com/

    Muchas gracias!!!!

  2. ¡Hola!
    Interesante tema, Miranda. Me resulta un poco difícil escribir sobre él. Vamos, ahora mismo me resulta difícil escribir sobre casi cualquier tema. No es que esté mal, pero no me sale. En fin, paciencia.

    La verdad es que hasta ahora no me he fijado mucho en la comida a lo largo del ciclo. Lo que sí está claro es que afecta mucho, muchísimo a mi estado de ánimo. Pero no como la mayoría de la gente se imagina, sino más bien al revés. Yo antes de tener la regla, un poco menos durante y de nuevo hasta un par de días después estoy bastante eufórica. Reboso energía y no puedo parar. Según el mes puedo llegar a estar bastante intranquila y sin poder concentrarme durante un día o dos, a veces me rio por nada y en general tengo ganas de comerme el mundo. Para ya sacar el tema tabú total: la libido se me pone a cienmil en esos días.

    Después puede venir un cambio bastante radical. No es siempre igual, pero la cosa es que entre medias me normalizo o me baja el ánimo bastante y ahí es donde a veces siento un hastío extraño que me puede llevar a comer por comer.

    Últimamente, desde que he descubierto que mis oscilaciones tienen que ver con el ciclo lo llevo mucho mejor. Antes creía que mi estado eufórico era el normal y que el resto del tiempo estaba mal. Ahora ya sé que la verdad está en el punto medio y que cuando estoy “maníaca” lo mejor es no tomármelo muy en serio, no hacer locuras ni planes basados en esas energías porque no duran mucho. Intento planificar menos y hacer más caso a mi estado momentáneo ya que es difícilmente predecible. Puede que eso sea aceptarse como mujer al no exigirse un rendimiento constante, en teoría propio de los hombres. No lo sé.

    Recuerdo mi primera regla. Debía tener 11 o 12 años, no lo sé exactamente. Recuerdo que descubrí una mancha en mi braguita y se la enseñé a la mujer de mi padre ya que estaba de vacaciones con ellos. Recuerdo que ella se emocionó y que yo a la vez me sentí rara. Noté una mezcla de miedo y de ganas de que me dejaran en paz con el tema. No recuerdo mucho más. En general tengo muchas dificultades para recordar mi niñez. No recuerdo cómo se lo dije a mi madre. Un día, no sé si antes o después, mi madre me regaló un libro, cosas de mujeres se llamaba. Me dijo que por su educación le costaba mucho explicarme ciertas cosas pero que debía saberlas. Ella no sabía que yo ya me había leido todo lo que había encontrado en la biblioteca sobre sexualidad, jeje. También recuerdo la cara que se le quedó a una chica de mi curso cuando anunció como si fuera un gran logro o algo especial que tenía la regla y yo le dije que menos lobos, que yo la tenía al menos hacía un año y que no era la única y que no era algo como para ir cacareándolo… ella hacía mucho deporte y por eso le llegó más tarde. Yo creo que en general me tomé el asunto con bastante naturalidad.

    Hmmm… pues al final casi se puede decir que me he enrollado, jeje. Un beso a todas, y a los chicos también, claro.

  3. Pues este tema es harto interesante, la verdad. Parece ser que además las fantasías que hay alrededor de las reglas están muy relacionadas con, valga la redundancia, la relación madre-hija, y la femeinidad.

    Hace poco leía un libro sobre adolescencia en el que uno de los capítulos trataba el tema de los rituales que se llevaban a cabo en tribus “primitivas” de África, América del Sur y Oceanía.

    Pues bien, en estos tres lugares, tan apartados los unos de los otros, hay elementos comunes en los rituales-pasaje de transición a la edad adulta. Parece que la aparición de la sangre, indica la pérdida de algo, pérdida simbólica que refiere a la niñez y a ese mundo todopoderoso que mantiene al niño al margen de todo.

    Al mismo tiempo la sangre simboliza vida y muerte, inseparables la una de la otra.

    Temáticas complicadas para todos los seres humanos, que desgraciadamente en nuestra sociedad, supuestamente desarrolllada, no tenemos espacio donde reproducirlas, y por esto muchos chicos juegan con suicidios, con conductas muy arriesgadas, que tratan de representar (siempre desde un plano simbólico) todas esas “muertes” que llegan en la adolescencia.

    Nosotras sí tenemos el signo: la regla.

    Pero eso no quita para que nos despierte inquietud, para que nos evite la confusión de saber qué nuevo papel ocupamos ahora en el seno familiar, para que nos enfrente a los interrogantes de lo femenino, etc.

    Me interesa el tema bastante, y leer los testimonios de distintas vivencias de un mismo suceso, me ha parecido muy interesante.

    Un saludo!

  4. Gracias por el aporte, Carcamoles! Desconocía que existiese relación entre la menstruación y la madre, aunque por otro lado, es lógico…

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