Traducción de este artículo aparecido en el periódico alemán Tagesspiegel el 3 de marzo de 2008.
De pronto la cajera del supermercado le parecía una amenaza. ¡Podría descubrir su mayor secreto! Por eso Petra Berger* desapareció de la tienda con los dulces en el bolso y sin pagar. Dinero tenía pero no habría soportado que la cajera la viera poner los dulces en la banda, pagar y llevárselos. No, ella no quiere tener nada que ver con la comida.
Petra Berger se ha hecho experta en secretismo a lo largo de los años. Cuando compartía piso escondía comida en su habitación. Se inventaba historias cuando le preguntaban por su figura o por sus comidas. Así ha podido esquivar la realidad durante años: que tiene una relación enfermiza con la comida. “La comida, sobre todo el azúcar, es para mí como una droga”, dice.
Su cuerpo nos cuenta su verdadera historia. En su peor momento pesaba sólo 39 kilos con una altura de 1,68 metros. Eso corresponde a un índice de masa corporal de 13,8. Si el índice – calculado dividiendo el peso en kilos por la altura en metros al cuadrado- está por debajo de 17,5 el diagnóstico está claro: anorexia. Un índice entre 20 y 25 corresponde a un peso normal.
Los trastornos de la conducta alimentaria y su manifestación más terrible, la anorexia, van llegando a la opinión pública. Las primeras marcas de cosméticos empiezan a mostrar en su publicidad mujeres con cuerpos que corresponden a conductas alimenticias normales. Hace poco tres ministras, Ursula von der Leyen, Ulla Schmidt y Annette Schavan presentaron una campaña: “La vida tiene peso – juntos contra la locura por la delgadez”. La urgencia del asunto la acaba de demostrar un estudio del instituto Robert-Koch: uno de cada cinco jóvenes entre 11 y 17 años muestra síntomas de un trastorno alimentario, entre las chicas incluso una de cada tres. Esos síntomas pueden convertirse en anorexia. Y hay investigadores que dicen que el 20% de los casos de anorexia acaba con la muerte del paciente.
En realidad el debate no ha hecho más que empezar, en el día a día la locura por la delgadez campa a sus anchas y sin piedad. Una cadena de gimnasios aconsejó hace poco a una clienta reducir su peso de 74 a 58 kilogramos. La razón: para disminuir el riesgo de problemas médicos graves. Mide 1,80 m. Eso significaría un índice de 17,9 – justo al borde de la anorexia.
La experiencia médica muestra el peligro de ese tipo de recomendaciones. “Sólo hace falta un comentario para que los jóvenes, generalmente muy sensibles, decidan dejar de comer bien”, dice Bettina Kallenbach-Dermutz, directora del ambulatorio para trastornos alimentarios de la Charité, Campus Benjamin Franklin. “Entonces dicen: ¡Se van a enterar! Y se ponen en huelga de hambre”.
Las burlas, aunque solo sea un “¡Tienes el culo gordo!” y la presión social pueden ser el detonante – la causa suele estar, como algunos suponen, en la infancia. A Petra Berger ya le parecía que estaba gorda con seis años. “Durante la pubertad empecé a manipular mi dieta, a planificar días de ayuno, a hacer régimen”. Cada vez perdía más peso y el control sobre su conducta alimentaria: “He comido aunque no tuviera hambre y dejado de comer aunque lo tuviera”. Quería calmar miedos y dudas sobre sí misma con la comida.
Los pacientes que llegan al ambulatorio de la Charité tienen mucho en común. “Son chicas muy inteligentes que alimentan su autoestima con muy buenas notas en la escuela. Muy a menudo son las hijas que no llaman la atención, buenas y trabajadoras “, dice Kallenbach-Dermutz. Al empezar la pubertad se sienten agobiadas, sus logros ya no cuentan como antes. En cambio toca volver a empezar a conocer su propia personalidad y su cuerpo. “A estas chicas les falta la confianza en sí mismas en ese momento, se sienten profundamente inseguras”, dice la doctora. Entonces se rebelan con hambre. “El hambre es la última forma de decir que no a un entorno de control paterno en el que se sienten pequeñas y abandonadas. La anorexia es su último dominio de poder que les da sensación de fuerza”, dice Kallenbach-Dermutz.
En internet hay foros en los que la anorexia se celebra como camino de autorealización, en los que las chicas intercambian trucos para adelgazar y para aguantar. La mitad de los anoréxicos sufre una depresión durante su enfermedad y la desnutrición puede ser mortal. A menudo antes de la terapia es necesario ingresar en una clínica para estabilizar el cuerpo. De todos modos en este estado no sería posible empezar una terapia psicológica.
El primer paso en la terapia siempre es el mismo: aceptar la enfermedad. “La negación de la enfermedad es parte de la misma”, dice Kallenbach-Dermutz. Los pacientes tienen que aprender a aceptarse, asimilar que han sido desatendidos en su personalidad y que se han desatendido a sí mismos. La psicóloga aconseja a quien tenga una persona quizá anoréxica a su alrededor expresar su preocupación y en ningún caso reaccionar con reglas o prohibiciones.
La terapia tiene varias partes: la terapia familiar, los problemas de desarrollo empiezan al fin y al cabo muchas veces en la familia, por ejemplo con “la necesidad inconsciente de la madre de tener un hijo dependiente del que no se puede separar”, dice Kallenbach-Dermutz. Pero no se trata de repartir culpas. Otra parte importante es la terapia corporal: ayuda a que la imagen del propio cuerpo se corresponda con la realidad. La relajación y el movimiento pueden conseguir que el cuerpo no solo se sienta a través del dolor y el hambre.
En la terapia hay caminos individuales. El camino de Petra Berger la llevo a través de distintas terapias y acabó cansada de ellas. Hasta que huyó de casa, sobre todo de su frigorífico y se instaló en casa de una amiga. “De pronto había pasado del sobrepeso a tener una figura normal y le brillaban los ojos”. La amiga la acompañó a un grupo de autoayuda. De esto hace siete años. Desde entonces Berger tiene su adicción bajo control. El método del grupo: marcar límites a la comida, “porque no tengo sentido de la medida, ni creo que lo vaya a tener”. Berger, de cuarenta años, se ha entrenado para comer en cantidades predeterminadas. Tiene que preparar los viajes al extranjero, pero con sus planes se ha ido hasta la India. “Eso es como con la diabetes”.
Los trastornos alimentarios no desaparecen. “Sigues siendo sensible a todo lo relacionado con la alimentación y tu propio cuerpo”, dice Bettina Kallenbach-Dermutz. Por eso Petra Berger se ha creado reglas para el día a día: tres comidas al día, no llegar a estar hambrienta, dormir lo suficiente. No puede aislarse demasiado ni dar demasiadas vueltas a las cosas. “No tengo la sensación de que tenga que renunciar a nada”, dice. A veces incluso la alaban por su buena alimentación.
*Nombre ficticio.
Me parece un artículo muy interesante porque contiene muchos de los elementos clave en los trastornos alimentarios. Yo, comedora compulsiva rehabilitada, me identifico con la mayoría de las cosas que cuenta Petra Berger: el esconder la comida, robar para que no me pillen, esconderme, después, la vida reglamentada con normas muy similares. También he sido una niña buena con buenísimas notas en las que basaba mi autoestima. ¡La descripción encaja al 100%! Eso me hace preguntarme a la vez por las diferencias. El paralelismo entre los distintos trastornos lo veo muy claro, pero, ¿qué hace que sea comedora compulsiva y no anoréxica, por ejemplo?
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Yo también sacaba muy buenas notas, era de las que llamaban “empollonas”; y empecé con restricción, es decir, con anorexia, pero después de muchos años. Y no sé si alguna vez tuve depresión, pero de ser así, empezó antes que los líos con la comida: con once o doce años ya me quería morir, quería “ser mejor persona”. Supongo que ahí empezó el perfeccionismo.
No obstante, todo en mi vida y en mi familia era “normal”, nunca hubo problemas graves, así que…. ¿por qué? me lo pregunto, aunque no sirva de nada.
Hola Violeta,
He leído tu entrada y tu pregunta final…¿Qués es lo que hace que unas sean anoréxicas y otras comedoras compulsivas?
Pues me parece una pregunta complicadísima de responder. Pero me ha venido a la mente un comentario de una amiga que dice que la que tiene el pelo rizado lo quiere tener liso, y la que lo tiene liso, rizado. Salvando las diferencias, creo que la respuesta va por ahí.
Me parece bastante femenino, el hecho de envidiar o anhelar lo que no tenemos y despreciar lo propio sin valorarlo por el mero hecho de que te pertenezca.
No creo que sea mejor ser comedora compulsiva, pero tampoco lo es ser anoréxica!!
En ambos trastornos se juegan unas características de personalidad determinadas que al confluir con factores externos nos llevan al TCA, con unas formas u otras. Es difícil pensar que la anoréxica tiene mucho en común con una comedora compulsiva, pero yo creo que es así, que las dos manejan sus emociones a través de la alimentación, o no-alimentación.
En fin, creo que no te contesto mucho, pero lo cierto es que yo tampoco lo tengo muy claro.
Un besito,
Carcamoles
¡Hola Carcamoles!
Gracias por tu respuesta. Estoy de acuerdo en que la anorexia nerviosa tiene mucho que ver con el comer compulsivamente. De hecho en muchas personas se alterna la restricción con los atracones. Puestos a juzgar qué enfermedad es “peor”, teniendo en cuenta que no le deseo ninguna de las dos ni a mi peor enemigo, me parece que la anorexia es más grave entre otras cosas por sus consecuencias físicas. Lo que no entiendo muy bien lo que quieres decir con lo de la envidia.
Mi pregunta es por un lado si es casualidad que nos de por un trastorno u otro, por ejemplo dependiendo si relacionamos la comida con momentos agradables o de si nos dio una vez por hacer dieta y nos “enganchamos”, si es aprendido de personas a nuestro alrededor o si depende del tipo de problemas que tengamos. Por otro lado me pregunto si los consejos que sirven para una persona con atracones sirven para alguien con restricción. Me refiero a cosas como quiérete a ti misma, enfréntate a tus problemas en vez de rehuirlos, etc.
¡Hola! Bueno, yo creo que según las circunstancias de nuestra vida, características de nuestra personalidad, lo que hemos aprendido, lo que hemos visto, cómo se nos ha tratado… nos inclinamos hacia restringir los alimentos o comer compulsivamente. Es decir, la causalidad por encima de la casualidad. El que desarrollemos una enfermedad u otra depende de muchos factores establecidos previamente. Por ejemplo, cáncer de pulmón o cáncer de colon. Está claro que lo que hace que desarrollemos un tipo concreto de cáncer es el hecho de fumar. ´Creo que con los TCA pasa algo parecido.
Yo pienso que los consejos sí que sirven para varios grupos, puesto que aunque tengamos características distintas, la base es la misma: una adicción y una autoestima por los suelos.
En cuanto a qué enfermedad es más grave, yo creo que en estos casos no hay que hacer distinción, puesto que por ejemplo, las personas con bulimia no llaman la atención físicamente porque no pierden peso o no la pérdida no es notable. Sin embargo, tienen mucho riesgo de sufrir una parada cardiaca o muerte súbita. Por eso, me parece que todo tipo de TCA son igual de graves.
Un besito.
Bueno, me refería al trastorno por atracón en comparación con la anorexia nerviosa. La bulimia también es muy grave en cuanto a sus consecuencias físicas como muy bien dice yomeniego. De todos modos no sé por qué me he metido en este berenjenal de comparar si al fin y al cabo todos los afectados por cualquier TCA lo pasamos terriblemente mal…
¡¡Por un mundo sin TCAs!!
¡¡POR UN MUNDO SIN TCAs!!
Hola chicas,
Perdonad el retraso, pero hacia un tiempo que no me conectaba y acabo de ver vuestros mensajes.
Respondiendo a Violeta, con lo de la envidia. A ver, y sin querer ofender, a mí me parece que las mujeres sufrimos profundamente por aquello que no tenemos. Y deseamos con mucha fuesrza, e incluso con cierta envidia, lo que no tenemos. Creo que esta es una característica bastante femenina. Esto lo digo generalizando y por supuesto que hoy un montón de tías con la autoestima bien alta, que no sufren por esto.
Me parece que hay que empezar a aceptarnos como somos y así poder empezar a querernos y valorarnos. Esta es la única vía.
Por otro lado, respecto al tema de los consejos, pues sí: estoy de acuerdo con yomeniego, la base es esa falta de autoestima, que incluso va antes que la misma adicción.
Un abrazo a todas!
La autoestima, ahí estamos de acuerdo… ¡si por eso hemos llamado al blog como lo hemos llamado!